
La soledad vino aquella tarde.
Entraba por los visillos
el aroma inconfundible:
retratos y café
hirviendo en la cocina.
Y para nosotros,
nada.
Nos tocó pies de camas
y murmullos
whisky bajando por la garganta
mientras decíamos “adiós”.
Llegó.
No opusimos resistencia.
Nos fuimos con el humo
lejos
juntos
siempre
cada madrugada.
Entraba por los visillos
el aroma inconfundible:
retratos y café
hirviendo en la cocina.
Y para nosotros,
nada.
Nos tocó pies de camas
y murmullos
whisky bajando por la garganta
mientras decíamos “adiós”.
Llegó.
No opusimos resistencia.
Nos fuimos con el humo
lejos
juntos
siempre
cada madrugada.


















