
una de esas que están hechas
para los domingos deprimentes,
para llorar a moco tendido.
De esas
a las que nunca se les encuentra
un final realmente feliz.
He llorado la primera vez
(necesitaba desahogarme).
La segunda,
no.
La tercera vez
me he masturbado
viendo al cubano al otro lado de la pantalla.
-Un gran protagonista-
me he dicho
y todo se ha vuelto tan extraño
que creo que hoy la volveré a ver.
*En una tarde de domingo cualquiera...*