Los huecos me huelen a sal,
los huecos
vacíos, tercos de las manos
despiadados agujeros vacíos
llenos de viento
se erosionan al paso de los días.
Lo que queda tuyo se va pudriendo
sin remedio,
amenaza la enfermedad
crece altiva,
atraviesa la carne triste y sucia.
Pronto el hueso a la vista
y después nada:
acaso quede el eco vagabundo
voyeur azul del amor caducado
falso testimonio de la arena
en el idioma cruel de las pirañas.
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