
Son todas estas cuartillas
y los espejos.
No soy yo,
ni tú,
ni el aire,
ni siquiera el infierno
condenado a este milagro.
Son todos los relojes de pared
enmohecidos
que matan sus horas
sin pararse a pensarlo.
No somos pares
ni impares de la guerra.
A veces
es la imposición
atravesando los caminos
sin preguntar ni dar respuesta,
ni decir lo siento.
Ven aquí,
y sumérgete en mis manos,
déjame mostrarte
cómo gira el mundo
en mis caderas.
No es la oscuridad
ni el nombre de los actos
cuando lo llamamos fiel
y deseamos el pecado.
Son todos los poemas
ardiendo en las pupilas.
Son
todos los hombres
que descifraron mis labios.
y los espejos.
No soy yo,
ni tú,
ni el aire,
ni siquiera el infierno
condenado a este milagro.
Son todos los relojes de pared
enmohecidos
que matan sus horas
sin pararse a pensarlo.
No somos pares
ni impares de la guerra.
A veces
es la imposición
atravesando los caminos
sin preguntar ni dar respuesta,
ni decir lo siento.
Ven aquí,
y sumérgete en mis manos,
déjame mostrarte
cómo gira el mundo
en mis caderas.
No es la oscuridad
ni el nombre de los actos
cuando lo llamamos fiel
y deseamos el pecado.
Son todos los poemas
ardiendo en las pupilas.
Son
todos los hombres
que descifraron mis labios.