
Les digo a mis pies que no me sigan:
estoy lejos de cualquier mirada.
Del otoño
me quedan flácidos mapas sobre la espalda,
rasguños de dios en el cuello
y recuerdos
que transitan por mis piernas cuesta abajo,
puestos en fila.
Del amor
no me queda nada.
Ya estoy lejos
y los calambres no cesan.
La luz yace escondida en mis pestañas:
juntas esperamos puestas de sol, amaneceres,
palabras que nos digan
que la primavera siempre vuelve
aunque yo esté alabando al diablo
bajo tierra,
sin cosquillas.
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